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La contaminación sí mata Dedicado a Isabel Díaz Ayuso Del 4 al 9 de diciembre de 1952 se produjo en la ciudad de Londres un episodio de alta contaminación conocido como Great Smog. Una combinación de las condiciones atmosféricas (inversión térmica) con el elevado consumo de las calefacciones con la llegada del frío invernal provocó algo más que la típica niebla londinense. Era un humo estancado y denso que impedía la visibilidad y enseguida llenó los hospitales de personas con problemas respiratorios. La siguiente gráfica muestra la evolución durante la primera quincena de diciembre del número diario de muertes (en rojo), que de ser poco más de 200 habitualmente llegó a las 900 el día 8. También se muestra la evolución de las concentraciones en el aire (mg/m3) tanto de humo (en negro) como de dióxido de azufre (en azul). Esta última se veía acrecentada por la baja calidad del carbón al alcance de los ciudadanos en posguerra. La comparación de estas gráficas tiene una clara interpretación desde las matemáticas. Sus perfiles son bastante parecidos, aunque con una traslación hacia la derecha de la gráfica de mortandad. Esto último es lógico teniendo en cuenta que los efectos sobre la salud se producen en los días siguientes a la exposición. También se observa que dichos efectos se prolongan en el tiempo, pues la gráfica de mortandad no regresa a los valores habituales con igual rapidez que las de contaminación.
En sentido matemático estricto no puede decirse que la mortandad sea función de la contaminación, dado que para un mismo valor de esta variable se producen números diferentes de muertes (en una función un mismo valor de la variable independiente solo tiene asociado un único valor de la variable dependiente). Pero sí se aprecia la existencia de una correlación directa y fuerte entre ambas variables, que hace indudable que el aumento de la contaminación lleva emparejado el de las muertes. Se calcula que en total hubo 12.000 fallecidos como consecuencia de aquellos 5 fatídicos días del Great Smog y que posteriormente (algunos hasta hoy) unas 100.000 personas sufrieron afecciones respiratorias adquiridas entonces. Es exigible a las autoridades que tomen en serio serio nuestra salud y no frivolicen al respecto.
Madrid |
Trafalgar Square (Londes) a mediodía durante el Great Smog (Wikimedia Commons) |
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(C) José María Sorando Muzás
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